El hogar del otoño
me acogió entre sus ramas.
Caricias heladas en el pecho,
labios anónimos me susurraron al oído
en un lenguaje secreto
el significado de la vida.
Miradas vacías,
bocanadas de aire,
vapor y placer
me hicieron hombre.
Un centello, un beso
y mil abrazos que no te di,
me pusieron delante de mil espejos
para hacerme notar
la ausencia de mi propio reflejo.

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